jueves, 14 de septiembre de 2017

¿Qué quiere la gente?

"La gente quiere" es una enunciación que me atrae pensar. Porque cuando hacemos referencia a la gente en una oración solemos estar diciendo, en forma solapada o no, lo que nosotros, como individuos, somos o queremos ser.
Me explico mejor: el espejo que nos devuelve el afuera es lo que atravesamos por dentro. Es decir, si creemos que la gente es de tal o cual modo es porque ese tal o cual nos refleja, nos hace ver una parte de nuestro ser que otra persona o accionar no nos venía mostrando. El mundo te muestra. No es de forma rígida y absoluta. La interpretación que uno hace de él es el “la gente” que usamos en el diálogo.
Por eso, saber cómo es la gente para cada uno es un modo de conocer a alguien sin que necesariamente se haya abierto en su intimidad.

La gente es muy amplio. La gente quiere saber en forma más detallada la idea. La gente es muy determinante. La gente quiere un gobierno sincero, no corrupto, cuasi ascético, pero que defienda los intereses de la gente, eso sí. Y la gente vota la mentira, el ocultamiento, el interés personal. La gente no se da cuenta... ¿Cómo es la gente para vos? ¿De qué hablás diariamente cuando te referís a la gente? ¿Tu gente? ¿El afuera amenazante? ¿El afuera amigable?

Es que la gente no sabe si no le explican. Y la era de la posverdad llega para que la gente pueda ser conceptualizada en resultados. Pero la gente se deja manipular. La gente, el vecino, el que se levanta todas las mañanas para ir a trabajar, la gente como uno, ¿viste?
La gente, la que se pone de pie y lucha por llenar la olla cada día, la que emprende y se equivoca, pero también la que no hace nada y tan sólo reclama, la gente que vota. O que importa sólo cuando vota. La gente, esa que determina con su voto, y es determinada a través de su mirada de la realdiad a través de los medios. Esos medios que le facilitan a la gente la comunicación, como por esta vía, que estamos tejiendo vínculo con la gente.

A no ser que sea acallada esa gente. Y entremos en la burbuja de creación personal, sin que importe tanto la gente ni las miradas externas, donde no hay opción de queja sino de construcción próspera. Ahí la gente no tiene ni voz ni voto. Empiezan a funcionar los agentes internos.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Los pueblos crecen más rápido que los gobernantes

La Diada. ¿Qué es eso? El festejo nacional del pueblo en el que habitamos.
El día del Maestro, para mi, hasta el 2001, en que las torres y sus aviones arrazaron en el recuerdo. Y desde hace dos años bautizado nuevamente el Onze de Setembre como la Diada.
Me tomo la licencia de creer entender el pedido de un día como hoy. Se clama por ser independientes, de decisión y criterio, se boga por la lucha que implicó e implica la liberación de un pueblo frecuentemente en estado de opresión, que reivindica la pluralidad de desenvolvimientos, autónomos y respetables, siempre que conserven la armonía social. El tema es que ésta viene escaseando en los alrededores del mundo, por lo que hay otro gobierno que se adjudica la potestad de decidir que esa porción de pueblo no se puede ni debe manifestar, ni con una estrella en su simbología de tela de turno, ni en las urnas mismas pidiendo pacíficamente por su independencia.

Hacer el ejercicio de contar de la forma más simple, como si fuera a un niño, una noticia trae como resultado lo irrisorio de la noticia en sí.
Es que las noticias periódicas, las que todos nos enteramos a la vez, deberían tener -o serle adjudicadas- cada vez menos el carácter de trascendentes o espectaculares, como solemos verlo pensando que se trata de otra serie más de Netflix, sino más bien la importancia de la masividad, nada despreciable si se sabe contar con estos recursos de la era de la posverdad y hacer algo a favor en la sintomatología de pesares que atraviesa el mundo circundante y que pide por una reorganización de la que nadie está dispuesto a asumir el costo, por lo que se dificultará soberanamente llevar ese cambio a cabo.

Un cambio no es cosmético. Es de fondo. Es sustancial. Es en la medida que nos permitimos el espacio para llevarlo a cabo. No es sólo una consigna, es una acción consecuente. Y Catalunya parece distinguirse como el horizonte de vanguardismo, implicación, coordinación e imaginación suficiente como para darle la llave de decisión de su propio futuro. La negación nada puede hacer contra la manifestación profesa de una ciudadanía que pretende y una gobernanza que no está para otra cosa que cumplir con el pedido de sus integrantes.


La Diada es eso y empezar a sentir y respirar este terruño de noreste peninsular con alma y vida, es la distinción de que se puede vivir en el rincón de montaña o mar que se desee siempre que se tenga el sustento para afrontarlo. No se trata de dinero, como la mayoría cree en estos tiempos, sino de energía y disponibilidad, de criterio para evaluar las condiciones de posibilidad, y luego decisión para llevar adelante lo que se cree conveniente. De ahí que las noticias generales poco importan e incluso distraen la atención, pero la unión común, incluso en función de una temática espontánea, siempre es buena, porque es donde se articulan las bases de comprensión mutua y colectiva para lo que toque enfrentar. Creo que el problema es que los pueblos están creciendo más rápido que los gobernantes... Y no hay tiempo para más experimentos de mercado, las pruebas de laboratorio están donde está la acción.

martes, 15 de agosto de 2017

Entrenando

Entrenar es alimentar la capacidad productiva.

Al darle forma a la masa de intenciones que tenemos le permitimos al creador que nos habita que juegue y libere algo de lo mucho que lleva dentro. Eso fomenta en nosotros mismos una autoconfianza que se afirma de acuerdo al avance que nos permitimos tener.

Ensayar es darle consistencia a la coraza. Y desarmarla. Y buscarle sus ribetes, sus límites. Es liberar algo de la prueba y el error necesarios para generar arte.

Generarte es revolver y buscar en la masa confusa de sensaciones que eres para que, de ese ensayo al que nos animamos, y sometemos también, salga un elemento disruptivo, particular, siempre singular, que nos permita sistematizar ese estilo personal, que si no ensayamos desconocemos, porque el único campo interviniente en la realidad es la acción, el hacer, el manifestar, el decidirse a enchastrarse lo necesario para que salga el diamante en bruto que todos llevamos.

El ser creativo sale ensayando. No temiéndole a la prueba y el error. Sobre todo al error. El error es grieta, es el espacio por el que asoma la singularidad humana, y dejando que se haga presente es que se permite trabajar y pulir esa originalidad surgida. Buscar un patrón, sistematizar un modo de hacer, encontrar con qué nos sentimos cómodos y fluye, básicamente, lo que queramos ensayar.

Y desde luego, después mostrar. Porque el proceso creador no se completa sin la ¿inevitable? exposición que implica dar a conocer el proceso asimilado y plasmado.

Ensayando es que se conoce la gente.

lunes, 31 de julio de 2017

En la vida como en el arte

Intuye el que deja fluir.
Ilumina el que en acción hace lo que desea.
Se permite el que en otra instancia no piensa.
Y el fruto es el amor conjunto
que se pudo construir.
Así en la vida como en el arte...

miércoles, 24 de mayo de 2017

Las despedidas


Las despedidas son una puta mierda. Entristecen, hacen creer que no hay nada que hacer con el devenir mismo de la realidad que atormenta y por momentos se acuerda de mostrarnos que toda célula que nació envejece, se pudre, se viene a menos, se desgasta, a la larga o a la corta. Se va.

Sí, el punto es qué hacemos con eso. Pero la despedida no deja ver una luz en el pozo oscuro de no poder tener aquello que queríamos.

Pueden despedirte de un trabajo, podés despedir a un familiar. Podés salir despedido hacia una escena. Esa es una perspectiva muy positiva. Y la gente no quiere ver personas sonriendo, prefieren sangre. Porque somos animales, fajinados en personalidades, pero animales al fin, y el olor a sangre llama.

Despedir algo con ganas. Suculenta intención de sacarse algo de encima. Mas es inevitable el dolor. Las despedidas tienen ese desgarro que cada cual localizará en la zona que lo afecte, y te dejan pedaleando, si no pataleando, contra la malicia de quién sabe qué juicio, ajeno siempre a uno, que no te permite alcanzar lo que tan merecedor te crees ser.

Despedís olor. Despedís amigos. Despedís personas.

Después no digas que sabés afrontar la pérdida si no te instruís en soportar la despedida con altura. Y quién sabe si irá a parar a un casillero de sapiencia o de inconsciencia, las partidas, las idas en fuga me inspiran toda la irritación y la necesidad activa se sulfata en intenciones, y sólo hay que dejar ir.


Ya volverá. Todo vuelve.

sábado, 8 de abril de 2017

Tres boludeces

El mundo, la conflictividad, el país, la naturaleza misma, todo está cayendo en un acelerado ritmo de extremismo polar negativista, y puedo observarlo y no por eso no sentirme parte. En ese devenir nos encontramos todos inmersos de algún modo en estos días donde pareciera ser que el intento por congeniar caducó ante la fuerza bruta del poder que arrasa. El del amor es el único que queda. Lo entiendas o no. El poder fundado en el miedo genera una bola mayor, que crece con la ira y el odio que se produce en el semejante que sufre. No se puede tapar el Sol con la mano ni un bosque con un árbol. A crear actos concretos de amor que, si no se acaba, se acelera el mundo. Está en tus manos.

De qué carajo te querés cuidar. Si igual te vas a ir. Disfrutá. No hay otra. No vinimos a otra cosa. Y las formas de disfrutar son tantas como personas en el mundo. El punto es cuánto te vas a mortificar y cuánto vas a dedicarte a colonizar tu poder de hacer lo que te gusta.


Tu mundo es mi mundo porque sintetizo con mi mirada.

martes, 4 de abril de 2017

Grieta exacerbada

Sociedad customizada. Saciedad pasteurizada. Suciedad atomizada. Docilidad categorizada. Ductilidad cosificada. Doctrina valentonada. Sofismo adulterado. Decomisada tempestad. Edad de costumbre. Costumbrizada saciedad. Sociedad customizada. Te decía.

De una hendidura se deshace un hecho. De la grieta se desprende lo faltante, el espacio a lo que no se conforma y busca más conquista y explayarse. Expandir los límites de lo posible para centrar la atención en la resultante. La piedra angular que escarmiente y se adapte a la singularidad de estación. Estando se hace. Sin presencia se marchita.

Piedad. Dolor en la desdicha de saberse fomentado a hacer para crecer. Y creer. Porque cree el que ve, y desde allí formamos la opinión. El que ve se permite dudar. Y preguntar. Si acaso alguno supo contemplar, que hay verdades que a medio cuerpo se estiran. Y otras que toman cuerpo con el correr de la situación. Cuando ya estás desnudo y allí sucede lo mejor. Como en un sueño, despiertas, y ves lo que no habituabas a notar, a distinguir. Empieza a aparecer a tus ojos aquella figura o imagen que te realizas para vislumbrarte que tal o cual cosa debes hacerla distinta. De cambiar se trata. De fomentarse a dar más también. ¿Das?