miércoles, 24 de mayo de 2017

Las despedidas


Las despedidas son una puta mierda. Entristecen, hacen creer que no hay nada que hacer con el devenir mismo de la realidad que atormenta y por momentos se acuerda de mostrarnos que toda célula que nació envejece, se pudre, se viene a menos, se desgasta, a la larga o a la corta. Se va.

Sí, el punto es qué hacemos con eso. Pero la despedida no deja ver una luz en el pozo oscuro de no poder tener aquello que queríamos.

Pueden despedirte de un trabajo, podés despedir a un familiar. Podés salir despedido hacia una escena. Esa es una perspectiva muy positiva. Y la gente no quiere ver personas sonriendo, prefieren sangre. Porque somos animales, fajinados en personalidades, pero animales al fin, y el olor a sangre llama.

Despedir algo con ganas. Suculenta intención de sacarse algo de encima. Mas es inevitable el dolor. Las despedidas tienen ese desgarro que cada cual localizará en la zona que lo afecte, y te dejan pedaleando, si no pataleando, contra la malicia de quién sabe qué juicio, ajeno siempre a uno, que no te permite alcanzar lo que tan merecedor te crees ser.

Despedís olor. Despedís amigos. Despedís personas.

Después no digas que sabés afrontar la pérdida si no te instruís en soportar la despedida con altura. Y quién sabe si irá a parar a un casillero de sapiencia o de inconsciencia, las partidas, las idas en fuga me inspiran toda la irritación y la necesidad activa se sulfata en intenciones, y sólo hay que dejar ir.


Ya volverá. Todo vuelve.

sábado, 8 de abril de 2017

Tres boludeces

El mundo, la conflictividad, el país, la naturaleza misma, todo está cayendo en un acelerado ritmo de extremismo polar negativista, y puedo observarlo y no por eso no sentirme parte. En ese devenir nos encontramos todos inmersos de algún modo en estos días donde pareciera ser que el intento por congeniar caducó ante la fuerza bruta del poder que arrasa. El del amor es el único que queda. Lo entiendas o no. El poder fundado en el miedo genera una bola mayor, que crece con la ira y el odio que se produce en el semejante que sufre. No se puede tapar el Sol con la mano ni un bosque con un árbol. A crear actos concretos de amor que, si no se acaba, se acelera el mundo. Está en tus manos.

De qué carajo te querés cuidar. Si igual te vas a ir. Disfrutá. No hay otra. No vinimos a otra cosa. Y las formas de disfrutar son tantas como personas en el mundo. El punto es cuánto te vas a mortificar y cuánto vas a dedicarte a colonizar tu poder de hacer lo que te gusta.


Tu mundo es mi mundo porque sintetizo con mi mirada.

martes, 4 de abril de 2017

Grieta exacerbada

Sociedad customizada. Saciedad pasteurizada. Suciedad atomizada. Docilidad categorizada. Ductilidad cosificada. Doctrina valentonada. Sofismo adulterado. Decomisada tempestad. Edad de costumbre. Costumbrizada saciedad. Sociedad customizada. Te decía.

De una hendidura se deshace un hecho. De la grieta se desprende lo faltante, el espacio a lo que no se conforma y busca más conquista y explayarse. Expandir los límites de lo posible para centrar la atención en la resultante. La piedra angular que escarmiente y se adapte a la singularidad de estación. Estando se hace. Sin presencia se marchita.

Piedad. Dolor en la desdicha de saberse fomentado a hacer para crecer. Y creer. Porque cree el que ve, y desde allí formamos la opinión. El que ve se permite dudar. Y preguntar. Si acaso alguno supo contemplar, que hay verdades que a medio cuerpo se estiran. Y otras que toman cuerpo con el correr de la situación. Cuando ya estás desnudo y allí sucede lo mejor. Como en un sueño, despiertas, y ves lo que no habituabas a notar, a distinguir. Empieza a aparecer a tus ojos aquella figura o imagen que te realizas para vislumbrarte que tal o cual cosa debes hacerla distinta. De cambiar se trata. De fomentarse a dar más también. ¿Das?

jueves, 30 de marzo de 2017

Mi tía categorizada

Hasta ayer supe tener una tía, la mayor de las tres María por parte materna, María Julia Feinmann, que desde niña fue categorizada como esquizofrénica. Y cumplió su rol en este asunto familiar hasta ayer. Justo el día en que mi mamá vuelve de pasar 15 días junto a su hijo, nieto y nuera.

Mi tía era un ser especial. Por momentos desarrollaba la mejor comunicación y por otros un cortocircuito atroz que volvía incomprensible, más no por eso menos interesante, la conversación.

Los vaivenes emocionales de un ser con ese diagnóstico son algo que jamás olvidaré. Mi tía Julia vivió los últimos años apagada en un geriátrico. Pero antes supo convivir con mi abuela y más antes con su marido Edgardo. Yo la conocí por esa época. Era una abogada con una vida normal, como dicen muchos, pero en ese cerebro se sucedía una procesión que le impidió seguir con su "vida normal" y la llevó a los infiernos de la medicación. Se sostuvo en pié como pudo. Y ayer, 30 de marzo de 2017 eligió irse.

Creo que las categorías son sellos que dejan impregnado un juicio, y eso atenta contra cualquier persona. Creo que cada cual tiene derecho a decidir sobre su vida, y que nadie tenga injerencia en sus decisiones. Creo que tengo un dejo de desazón por esta partida cuando para mi vuelve a partir mi mamá. Con destino Buenos Aires, en su caso, pero me deja un sinsabor amargo, algo que no me deja más que despedir a la distancia. Pero aún así me sé cerca. Mi tía categorizada se fue el mismo día que mi madre se va del continente en el que estoy, para estar pero en otro, que no permite tocar a la gente en carne y hueso. Algo de ese estilo pasa hoy. Ahora. Y elijo contar. Para desahogar. Y no aguantar. Porque el que aguanta no mama, ni gana, y el que no llora es el gil.

lunes, 27 de marzo de 2017

D3venir persona

Tengo que escribir pero no tengo ganas. Nadie me preguntó.

¿Vos cómo paleas el dolor? ¿Qué antídoto mágico usas para reparar la angustia, el dolor existencial?
La mirada observadora del padre. Y de la madre. El panóptico en la torre, y el pico que da verse aplicado, implicado, en el proceso de ser. Lo que es. La observación. Ocular.
No merece ni puede ser recordado en forma triste. Es un desperdicio.

Cada ser pareciera ir encomendado a hacerte morir en su abismo. Sortea el obstáculo y seguí. Hasta ahí vio él, vos ves más si lo vislumbras.
Tu abismo es mi trampolín. Eso es querer. Porque todo vuelve.
A todos nos duele, y sólo algunos padecen.

¿Miró? ¿Vio? Gaudí. Disfrute. Dalí. Desquicio.

jueves, 23 de marzo de 2017

Hago Arte

Hago Arte porque el proceso creativo ayuda a sanar heridas, conscientes e inconscientes.
Hago Arte porque mi deseo irrefrenable de comunicar(me) si no lo canalizo por la vía artística se me convierte en bronca interior, y tengo más que demostrado que guardado conduce a enfermarse eso.
Hago Arte porque es la vía que siento menos contaminada hoy en día, para poder expresar la voluntad de evolución, social y personal, sin que importe -en alguna medida- más que lo que sale de tus tripas.
Hago Arte porque es lo que quiero transmitirle a mi descendencia, que la vida es linda, que hay que pelear por lo que sentís que te ayuda, sirve, es útil y encima si te animas a transmitirlo no sabes por dónde puede volver esa expresión consumada. El Arte te sorprende cada día.
Hago Arte porque es la única forma que conozco de Ser como soy, sin que interfiera la desazón social, que podrá ser necesaria pero que siento que es fácil de manipular con los medios convencionales taladrando siempre con un mensaje fragmentador.
Hago Arte porque el entusiasmo no se negocia.
Hago Arte, y mañana es otro de esos días que el proceso se comparte al público.
Si algo te resuena, venite que la vamos a pasar joya.
Nos vemos.

viernes, 10 de marzo de 2017

Como vos quieras

Poroto, garbanzo, personita salida de esta mezcla extraña, rara, que alimentan y generan mamá y papá, y vos vas creciendo, rápida e impiadosamente, sin limitante que se te venga a poner en el paso, y ya van 19 meses fuera de la panza de tu madre, y no puedo creer lo increíble que es la vida, que avanza, incesante, inclaudicable, va y… ¡correlo que se va a la calle!

Fijate si lo mirás vos un rato, que yo quiero descansar. Voy a ver si lo entretengo con otra cosa. Bueno, bueno, ya es hora de ir a casa.

Gonzalo es un ser bravo, empecinado, decidido. ¿Es o yo defino lo que es? La eterna paradoja ante la que se ve reflejado un padre, quién sabe quién define a quién, si el niño hace para que nosotros nos reflejemos, o si uno transmite el modo. El punto es que se construye un vínculo, un lazo que supera toda instancia. Y ahí me detengo. Ahora la mano para cruzar.

¿No quieren ir a dar una vuelta? Vamos a la plaza y venimos. Vos preparate algo rico. ¿Y quién se queda con Gonzalo? No te vayas lejos que después hay que volver. A guardar, a guardar…

Siendo padre uno se ve reflejado. Nada quiere el nene que no haya visto antes hacer. Al año y medio ya empieza el aprendizaje mirando al otro cómo lo hace. Ayer Gonzalo se subió a una patineta por primera vez. Voy a buscar una de su tamaño.

Diecinueve meses. Los números no dicen mucho, pero es cuando uno se acuerda de lo que le está pasando. O se detiene a reparar. Ser padre es un amor inigualable. Es un bicho mamífero de la familia de los Galin Jofré que avanza con convicción hacia el horizonte que se le presente.

Celebro que estés sano y fuerte hijo, que todo sea como vos quieras.